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Noticias Amor y Rabia

Sobre el escenario social ante el proceso de independencia en Cataluña

Published on: jueves, 19 de octubre de 2017 // ,

“El nacionalismo de los de arriba sirve a los de arriba. El nacionalismo de los de abajo sirve también a los de arriba. El nacionalismo, cuando los pobres lo llevan dentro, no mejora: es un absurdo total.”
Bertolt Brecht.

Este escrito tiene la intención de aportar elementos para un debate sobre este tema señalando posiciones éticas, principios políticos del movimiento libertario, historia lejana y hechos recientes que nos ayuden a abordar una situación en que, sincera y humildemente, pensamos que los árboles no nos dejan ver el bosque.

Empezar por las ideas parece lógico. El internacionalismo rubricado en nuestros principios se ha caracterizado siempre por negar las limitaciones físicas que los discursos nacionales (con Estado o sin él) ponían a la geografía. Declaraciones de Reclús, de Anselmo Lorenzo y otros lo señalan (1). De hecho, en los antecedentes de nuestra organización encontramos a la Alianza Internacional de la Democracia Socialista de Bakunin fundada en 1868 con estas bases de doctrina política:

  • La supresión de los Estados nacionales y la formación en su lugar de federaciones constituidas por libres asociaciones agrícolas e industriales.
  • La abolición de las clases sociales y de la herencia.
  • La igualdad de sexos.
  • La organización de los obreros al margen de los partidos políticos.
En general es contradictorio hacer convivir expresiones como estas con la formulación política del “derecho de autodeterminación de los pueblos”, y se hace confundiendo al pueblo trabajador con el conjunto de personas a las que se atribuye identidad cultural (sean trabajadores o explotadores), y “autodeterminación” como una suerte de “autogestión política” sin explicar su significado real y sobre quién y de qué forma se ha pretendido históricamente aplicar ese derecho.
No está de más que se fijen los significados de las palabras que se están utilizando.

– Pueblo:

Del lat. popŭlus.

3. m. Conjunto de personas de un lugar, región o país.

– Patria:

1. f. Tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos.

– Nación:

Del lat. natio, -ōnis 'lugar de nacimiento', 'pueblo, tribu'.

1. f. Conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo Gobierno.

3. f. Conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común.

– Autodeterminación: De auto- y determinación.

1. f. Decisión de los ciudadanos de un territorio determinado sobre su futuro estatuto político.

El anarcosindicalismo, como aplicación práctica que toma los principios del anarquismo, no se sostiene sobre la tradición ni sobre la reivindicación cultural común como medio de agrupar a los seres humanos. A diferencia de otras ideas políticas, está fundamentado en los derechos universales de la persona, la libertad absoluta individual, y solo en segundo orden y como proyección de la misma, los derechos colectivos.

Por ello reivindica el internacionalismo como superación de los Estados-Nación, como defensa del cosmopolitismo formulado ya en la Grecia clásica y no como la caricatura que han querido hacer de ello redefiniéndolo absurdamente como “colaboración entre naciones”.

La utilización del “pueblo” en el contexto de la crisis desatada por la convocatoria del referéndum de Cataluña hace referencia inequívocamente a todas las personas que viven en Cataluña a las que se les supone una vinculación a la cultura autóctona convenida, y por tanto no diferencia entre clases sociales ni entre gobernantes y gobernados.

En el caso de la “autodeterminación” hay que entender que incluso no siendo una formulación política del anarquismo o del anarcosindicalismo hay contextos donde se ha utilizado el término por la condición de práctica esclavitud y por tanto lesión de derechos fundamentales de los habitantes de un lugar concreto a diferencia de la consideración de que han gozado en las metrópolis (desde Eliseo Reclús se condena el colonialismo).

Los habitantes de Guinea Ecuatorial no tenían los mismos derechos que los españoles, ni los indios que los británicos, por lo que lesionado un derecho individual como es la igualdad se ha podido llegar a hablar de autodeterminación como medio de superar la injusticia y la explotación del grupo. Otra cosa distinta es, sin ningún tipo de vergüenza, simular en una región una falta de derechos comparándose con los ejemplos anteriores (2).

Toda la retórica nacional ha estado constantemente calificando de agravio, derecho o libertad, según convenga, aquellos comportamientos que ellos mismos ejecutan o defienden en su propio territorio respecto a regiones interiores. Los defensores de la autodeterminación, en este caso los independentistas catalanes, jamás concederán ese derecho al Valle de Arán (aunque le den un estatuto particular como el Estado español concede a Cataluña) ni reconocerán el centralismo de Barcelona, así como los castellanos incluyen León en sus planes independentistas, y estos a su vez al Bierzo, a pesar de que los bercianos mayoritariamente no se consideran leoneses. A nadie se le escapa que detrás de la pantalla de la reivindicación de derechos y libertades modernas habitan visiones históricas procedentes del feudalismo que de vez en cuando se ponen encima de la mesa.

Analicemos ahora algunas afirmaciones que se están haciendo continuamente desde el discurso independentista, empezando por la “imposición del Estado español”.

¿Tienen menos o distintos derechos, gravosos comparativamente, los ciudadanos de Cataluña a los restantes?

¿Se ha impuesto la Constitución y el resto de la legislación española a Cataluña, incluido el Jefe del Estado?

No se puede contestar afirmativamente a ninguna de las dos preguntas. A la primera, porque es evidente que toda la legislación que el aparato estatal aplica a sus ciudadanos no hace distinciones en ninguna parte del territorio. Si acaso existen concesiones, en materia fiscal por ejemplo, como sabemos. Y desde luego, en lo que nos afecta como trabajadores (es conveniente no perder la perspectiva), no se puede afirmar que los trabajadores catalanes sufran ningún agravio con respecto a otros. Lo que sí hemos visto estos días es una manifestación gigantesca en Linares por el azote que el desempleo ejerce en ese lugar como en ninguno del país.

Con la segunda pregunta más gente dudaría porque los discursos falsos que el independentismo repite insaciablemente han sembrado la duda, no vaya a ser que nos cuelguen el sanbenito de “españolistas” en la eterna dicotomía falaz.

Para ser honestos no podemos olvidar que en la propia redacción de la Constitución Española ratificada en 1978 participa un miembro de CiU, Miquel Roca, nieto de un dirigente carlista, galardonado entre otras cosas con la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica y que ha llegado a defender a la Infanta de Borbón en los juzgados, una vez que la justicia española la hizo sentarse en el banquillo. Fue secretario general adjunto de CDC de 1974 a 1979, partido al que ha pertenecido hasta 2016, en que defendió al candidato de Unió, partido que fundó su padre.

Y, ¿cuál fue la reacción de los catalanes a la votación de la Constitución aquel 6 de diciembre? Pues con una participación entre el 67% y el 74% (según la provincia) más del 90% de los catalanes votaron a favor del texto. Se pueden decir muchas cosas, pero desde luego son tan responsables o más de que se estén aplicando hoy en día sus artículos que los ciudadanos de Valladolid, que lo aprobaron con un 83% de síes (3). Y hay que recordar que es el texto donde se da legitimidad al Borbón como Jefe del Estado habiendo jurado hacía poco los Principios del Movimiento franquista. Es también tragicómico ver las críticas que hacen hoy al “régimen del 78” los miembros del PC que votaron a favor de todo aquél montaje desde las Cortes o desde la mesa de los Pactos de la Moncloa, donde también participó CiU.

Desde esto (si se quiere tomar como un principio) hasta hace cuatro días, quienes tienen las riendas del “procés” han sido el sostén de los sucesivos gobiernos felipistas y aznaristas aportando sus votos generosamente en el Congreso de los Diputados para aplicarnos a todos los súbditos de este Reino las sucesivas reformas laborales, los sucesivos recortes de libertades, los sucesivos programas de ajuste presupuestario en materia social. (4)

¿El independentismo históricamente es de izquierdas? ¿La independencia de Cataluña es un movimiento de izquierdas? ¿Lo son sus dirigentes y por ello tiene sentido esperar que un nuevo escenario independiente sea distinto, mejor?

Cualquiera que haya buceado mínimamente en la historia del último siglo sabe que no. Por no hablar de la patronal catalana más derechista, a la que no gusta hacer referencia porque no dudaba en acudir a las fuerzas policiales centralistas cuando las huelgas se le iban de las manos, vamos a hablar de una fuerza como ERC.

ERC, partido que hoy sube en las encuestas como la espuma, ha sido históricamente una amalgama de sectores que no podían estar más enfrentados. Pero incluso Jacinto Toryho, director del Solidaridad Obrera de 1936 a 1938, afirmaba que la Lliga Regionalista y ERC “en lo social no eran fracciones diferentes, sino dos expresiones reaccionarias a las que solamente separaba un matiz partidista electorero”.

El cemento nacionalista obra milagros como mantener en el mismo partido a gente como Companys y a la de otro partido más pequeño llamado Estat Catalá. Uno de sus dirigentes y fundador de ERC, Josep Dencás, visitó personalmente a Mussolini en Italia y fue el responsable de la creación de milicias paramilitares que no dudó en utilizar contra la CNT. Influido por las ideas racistas de Pere Martir Rossell i Villar, se autodefinía como “nacionalsocialista”. Como consejero de gobernación mantuvo a su lado a los hermanos Badia. Miquel Badia, como Jefe Superior de la Comisaría General de Orden Público, movilizó a policías y paramilitares (“Escamots”) contra la huelga de transportes de Barcelona en 1933 convocada por la CNT. Acabaron muertos por disparos de militantes de la FAI. En 1937 las fuerzas de ERC se sumaron a las del PSUC para atacar a los libertarios en Barcelona en los hechos trágicos de mayo. Hay suficiente documentación publicada para quién desee profundizar.

Esto podría ser cosa del pasado si no hubiésemos visto cómo se celebra anualmente un homenaje a los hermanos Badia (5), y como hace unos años contaron en el acto con la presencia del señor Oriol Junqueras, hoy en día Vicepresidente de la Generalitat y Presidente de ERC.

Pero no es la única sorpresa del presidente de un partido que se denomina “Esquerra”. Hace muy poco tiempo apareció en la portada del ABC (6) junto a otro grupo de serviles (ojo, Bertín Osborne, Cospedal, Borja Prado…) defendiendo ni más ni menos que la retransmisión de la misa católica dominical. No en TV3, no, en Televisión Española. Todo ello debido a las críticas que sobre ello habían realizado diputados de Podemos.

Y por si su conservadurismo no había quedado claro, la página “InfoVaticana” se hace eco de declaraciones en diversos actos públicos de este personaje donde hace “llamamientos a que haya vocaciones”. (7) Es importante señalar que en intención de voto hoy en día la antigua CiU, hoy PdCat, está en caída libre, pero es ERC quién recoge los votos perdidos por aquella formación, subiendo en las encuestas espectacularmente.

No podemos olvidar tampoco que Oriol Junqueras tiene un antecesor digno de mención: Heribert Barrera, el que fuera Secretario General de ERC (1976-1987), presidente del mismo (1991-1995), presidente del Parlamento catalán (1980- 1984) y diputado del Parlamento Europeo (1991-1994). A pesar de sus opiniones sobre la inferioridad mental de los negros o el peligro que corría la cultura catalana con la invasión de los inmigrantes, fue homenajeado sin pudor, no solo por Josep Anglada, dirigente de Plataforma per Catalunya (8), sino que recibió la Medalla de Oro de la Generalitat (9), además de haber sido miembro del Consejo Consultivo de Omnium Cultural. Hoy esta entidad es una de las que encabeza el impulso nacionalista en Cataluña estando presidida por el empresario Jordi Cuixart.

Resulta también cuando menos curioso que uno de los tópicos utilizados por el independentismo sea acusar de franquistas a todos al sur del Ebro, mientras uno de sus alcaldes a quien hemos visto ser aplaudido hace poco en su visita al juzgado para prestar declaración por el referendum, Ferrán Bel, defendió la continuidad en 2010 del monumento franquista en su localidad, Tortosa, junto a varios de sus concejales. Su retirada se había llevado al Pleno del Ayuntamiento avalada por 2000 firmas de los vecinos que fueron aplastadas por sus votos (CiU) y los del PP. (10)

De igual modo, parece que pasa inadvertido a la memoria que los monjes de la abadía de Montserrat defendieron a sus homólogos del Valle de los Caídos (benedictinos todos) ante el intento de acabar con ese parque temático del franquismo en aplicación de la Ley de Memoria Histórica. Esos mismos monjes que lo mismo reciben en 1940 a Himmler buscando el Grial (11) que organizan actos por la independencia desde 2014 (12). Todo muy identitario.

Y aunque cuando se atacan las políticas del Gobierno catalán los independentistas suelen escurrir el bulto señalando a CiU como responsable, es conveniente recordar que solo se han cambiado la careta, prácticamente todos siguen ahí bajo la nueva marca PdCAt con Artur Mas como presidente del partido. Como todos sabemos al frente de la Generalitat también se sitúa un convergente, Carles Puigdemont, y hemos tenido que ver respaldos sorprendentes a esta derecha catalana como el que brindó el dirigente de las CUP David Fernández abrazándose el 9N a Artur Mas, las declaraciones de este y otros miembros de CUP ante la imputación del convergente diciendo que era “uno de los suyos”, o a un “anarco”-independentista supuesto argumentando que a Pujol se le criminaliza por ser catalán porque solo ha recibido una herencia de su padre. (13) No son casos aislados o extremos de una situación social. Son ejemplos del abandono generalizado de la lucha de clases y de la conciencia de la misma, que se aparta inevitablemente para dar paso a la cuestión nacional como ya advirtieron muchos antes que nosotros.

¿Qué hay del “derecho a decidir”?

Esta formulación novedosa ha sido uno de los escudos con los que se ha llegado al punto en el que estamos. Hay que reconocer a sus creadores que son fantásticos lanzando un eslogan con el que obligadamente hay que estar de acuerdo si no eres poco menos que un esclavista, claro. Habría que situarlo a la altura de los que decidieron llamar al movimiento antiabortista “provida”, ¿quién va a ser promuerte? Nadie, quizá Millán Astray y sus locos legionarios.

Quienes enarbolan este “derecho” en el Parque de la Ciudadela como quienes se reúnen al lado de la Plaza de Neptuno nos lo recuerdan siempre que tienen oportunidad a los partidarios de la democracia directa. Por ello cuando esta gente nos aborda defendiendo el “derecho a decidir” lo primero que habría que haber preguntado es cuáles son los límites de la decisión, quién tiene ese derecho y si se dan las condiciones de libertad, seguridad e imparcialidad que cualquier consulta requiere para ser considerada como tal. Evidentemente la convocatoria y los hechos represivos que la han rodeado quedan lejos de reflejar la voluntad real de la mayoría de personas a quienes estaba dirigida.

Nadie diría que la votación del “Anschluss” fue la aplicación del “derecho a decidir” por más que se mostrase con la careta de un referéndum. Pues de igual forma, y con un resultado popular excelente por lo que hemos visto, han utilizado esa fórmula para decidir la separación de una estructura del Estado español e intentar generar a través de ella un Estado nuevo. Solo que esta vez en lugar de ejercer el miedo y la fuerza directamente sobre los votantes para forzar la decisión, se aprovecha la fuerza y la violencia del contrario en una suerte de aikido político. Tal es así que con poco más de un 40% de participación y un 38% de síes (sobre el censo) se pretende dar por bueno el resultado (14). Si es un derecho no puede ser extinguido por mucho que terceros me impidan ejercerlo, y es kafkiano que encima lo haga la parte que lo ha puesto encima de la mesa y no sea recriminada por ello. Esto evidencia la adhesión que se ha logrado a las élites catalanas que siempre han querido decir “derecho a la independencia”, algo mucho más difícil de colocar en el mercado propagandístico.

¿Y qué hay de la represión?

Efectivamente ese es el otro escudo indestructible tras el que se parapeta el discurso independentista actual, incluso diría que también en el pasado, y lo que todo el mundo reconoce que ha generado más adeptos a la causa nacional. Lo hemos visto multiplicado exponencialmente este 1 de Octubre. Cuando hacemos crítica del Estado como elemento subyugador no lo hacemos porque sí. Esta es la reacción normal de quien en esencia es violencia. Lo curioso es que esa coerción se está ejerciendo ahora mismo con las reglas que los mismos dirigentes catalanes han aprobado para “participar” y “cambiar las cosas desde dentro”. Es indudable que una carga policial es la imagen más icónica de la violencia estatal. Sin embargo dependiendo del contexto no reaccionamos de la misma forma. No nos vamos a inmutar cuando los aficionados del Legia, o los Ultra Sur reciben los empujones y los gomazos de la Policía Nacional, sabiendo perfectamente por qué se utiliza la “herramienta”. Condenaremos sin dudarlo un instante las agresiones que Guardia Civil y Policía Nacional perpetraron el día de la consulta (las grabaciones, como siempre, son espeluznantes), las entradas en domicilios y sedes políticas sin orden judicial que se han llevado a cabo, reconociendo al mismo tiempo que no podemos empatizar con muchos de esos miembros de partidos catalanes citados a declarar a los que se aplaude, cuando “antesdeayer” han estado llamando a gritos y justificando posteriormente la represión a movimientos populares. La sobreactuación ha sido amplia, pero por poner un ejemplo podríamos referirnos a la “indignación” del señor Junqueras diciendo que “dónde se ha visto que la policía cargue contra gente desarmada con los brazos levantados”. Pues allí mismo, no hace tanto, muy cerca del asiento que su culo ocupa en el Parlament. Desde las declaraciones de Carod Rovira (ERC) contra el 15M (15), hasta las cargas de los Mossos en Plaza Catalunya el 27M, o las reacciones a la protesta ante el Parlamento catalán, que hizo salir entre otros al consejero de interior, el psicópata Felip Puig, en helicóptero, y la posterior represión judicial a los manifestantes ilustran el carácter de esta gente que ahora muestra su mueca de víctima (cuando por cierto a ellos no los han tocado, los golpes se los han llevado los de siempre). En aquél momento la calificación de “violentos” fue repetida hasta la saciedad en todos los medios, e incluso en una declaración de todos los parlamentarios, contrastando con su integridad absoluta (bueno, resultó dañada una chaqueta pintada con spray y les tiraron una piel de plátano). Y mientras oíamos los discursos se pudieron ver multitud de imágenes donde la gente era golpeada, pisoteada, pateada y detenida. Todo en el mismo día en que se rechazaban las enmiendas a la totalidad que presentaban otros partidos a los presupuestos antisociales del gobierno catalán con los votos de PP y CiU. (16)

La gestión del terrorismo, como el discurso nacionalista obran milagros como el que hemos visto últimamente con los Mossos. Tan pronto era la policía europea con más acusaciones por tortura y malos tratos como los héroes de las Ramblas o del referéndum. Tan pronto había una mujer que perdía un ojo en una manifestación o un mantero se caía por el balcón de su casa cuando entraban en ella; o un hombre se moría de repente de madrugada mientras le daban una paliza; o veíamos imágenes de las torturas en la comisaría de Les Corts, que aparecía el señor Trapero (el mismo que salía a justificar todo lo anterior) y todo el mundo confiaba de repente en su carácter democrático y su defensa de las libertades. Hasta les hemos visto “llorar por la violencia”.

Lo que está claro es que el discurso identitario se esconde detrás de la pantalla de “la represión inherente a España” olvidando que esa represión nos une a los que la sufrimos, ya sea el 1-O en Barcelona o el 22-M en Madrid (hay videos en youtube sin demasiadas diferencias), se ha ejercido en todas partes (en esto hay que reconocerles lo democráticos que son), y su aplicación se debe precisamente al cuestionamiento de la autoridad, sea la del actual Estado español con la policía nacional, la del parlamento catalán con los mossos o la del buscado Estado catalán con los mismos agentes.

¿Hay posibilidades al menos de utilizar la coyuntura para beneficio de la clase trabajadora?

No vemos de qué manera. Máxime cuando sabemos que la desorganización de los trabajadores es la norma (17), que los sindicatos convocantes son minoría si no contamos con CCOO y UGT y su larga tradición traidora, y que incluso la ANC y Omnium Cultural con un empresario “moderno” a la cabeza convoca movilizaciones (18).

Y esto atendiendo únicamente a los trabajadores catalanes, porque la dinámica de las cosas (algo por lo que siempre se han criticado desde nuestras posiciones los planteamientos nacionalistas) hace que se establezca una división entre trabajadores de un lado y del otro de la nueva frontera que se está dibujando. La aparición de banderas españolas en muchas ciudades (cuando no de pajarracos o esvásticas) y de emisiones del himno a través de las ventanas, es el efecto colateral que seguro que muchos hemos apreciado últimamente en ciudades y pueblos fuera de Cataluña, algo que no se veía habitualmente.

Podríamos hacer futuribles sobre la república catalana con el beato Oriol Junqueras de Presidente o la nueva mayoría absoluta de Rajoy para el resto, pero incluso desistiendo de hacer apuestas el panorama no parece halagüeño en ningún caso.

Lo que creemos que es de absoluta necesidad es repensar el papel que se está jugando en todo este asunto, la incoherencia que mantenemos aturdidos por la corriente mayoritaria o los discursos de los medios de masas para consumo de la “izquierda”, y centrar de manera firme nuestros esfuerzos en el desarrollo y avance de la conciencia de la clase trabajadora, que nunca ha tenido patria.

CNT Transportes de Madrid

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(1) Recomendamos el trabajo titulado “Queardan todas las patrias”.

(2) Responsable de la ANC en Madrid: “Cataluña es la última colonia española”.

(3) Resultados de la ratificación de la constitución española de 1978.

(4) Por poner un solo ejemplo podríamos hablar de la reforma laboral de 2012 aprobada con los votos de PP, CiU, UPN y Foro, y la oposición de todo el resto de parlamentarios.

(5) En el acto de este año asiste el secretario de Organización de las juventudes, Joán Solá.

(6) “Yo sí voy a misa”, decía la portada.

(7) Incluso afirma haber tenido conversaciones con Ratzinger en el Vaticano.

(8) Algo lógico por otra parte, visto lo visto. Ojo a los resultados electorales, que no hay partido con un discurso nazi explícito en el resto de España que los obtenga.

(9) En este artículo se recoge una foto curiosa del homenaje y sus “frases célebres”

(10) El “Monumento a la Batalla del Ebro” sigue siendo el monumento franquista de mayores dimensiones de toda Cataluña.

(11) En el artículo, aunque de reducidas dimensiones, hay una fotografía del padre Ripol saludando a Himmler.

(12) Además de este artículo, no es difícil encontrar las homilías que se están haciendo hoy sobre el tema.

(13) La Vanguardia, y Diario12, respectivamente.

(14) Cifras del referéndum en eldiario.es.

(15) En este artículo hay un resumen de esto que dijo: “Los españoles tienen todo el derecho del mundo a indignarse. Pero si quieren hacerlo como españoles, mejor será que no se confundan en el mapa y se manifiesten, se indignen, meen, pinten, griten e insulten allí donde les corresponde: en su país. Al fin y al cabo, no está lejos y está bien comunicado. Ese internacionalismo progre que va de apátrida, de anacional, de cosmopolita, cuando se expresa en el marco de una nación que no está normalizada políticamente está haciendo el juego al nacionalismo dominante: el español, por supuesto. Basta, pues, de complicidades ingenuas y de hacer el bobo con esa indignación de pacotilla.” No comment.

(16) El País 15-06-2011. Se encargaron de recordar que “no se puede parar la actividad del Parlament”. En 2015 el Supremo condenaría a 8 personas a 3 años de prisión.

(17) Este artículo en Solidaridad Obrera, reconoce lo afirmado: “La otra cuestión se sitúa en el contexto actual, en el que debido a la atomización de un movimiento popular que pueda hacer de contrapeso a la burguesía catalana y un movimiento obrero prácticamente inexistente carecerían de la necesidad histórica de las fuerzas represivas del Estado Español (Guardia Civil, Ejército…) para combatir dichos movimientos, más aún ahora que disponen de un cuerpo de Mossos d’Esquadra moderno y desplegado en todo el territorio.”

(18) Jordi Cuixart, su presidente, es propietario de Aranow Packaging Machinery y fundador de la fundación privada de empresarios FemCat.

En contra del paradigma identitario

Published on: lunes, 9 de octubre de 2017 // ,
 

 En esta era de globalización, la meta adecuada de investigación para la antropología no puede ser otra que el sistema mundial. En cambio, la dispersión etnológica de los estudios de identidades se ha convertido en un obstáculo enorme para entender mínimamente lo que está pasando en nuestro mundo. Ese método resulta tan inadecuado como mirar al horizonte con un microscopio: sólo se verán los microbios que haya pegados a la lente, mientras el verdadero objeto permanece absolutamente borroso.


Lo que llaman identidad (cultural, étnica, nacional) no pertenece realmente al plano de los hechos, sino al de la ideología. En los últimos decenios, esta ideología ha llegado a constituirse en paradigma de buena parte del pensamiento antropológico: el paradigma identitario. A mi juicio, tal ideología resulta perniciosa para la sociedad y para la humanidad. Resulta también perjudicial para la investigación en antropología.

Lo primero es señalar que, cuando la caracterización de una colectividad se designa como «identidad», se está implicando el desconocimiento o la negación de la diversidad interna a esa colectividad. Este enfoque supone, en el fondo, cierta idea de determinismo social, tendente a la imposición de un estereotipo esencialista sobre los individuos concretos: una visión del mundo arcaica, o al menos premoderna. Propende hacia una cosificación sustancialista de la vida social, a partir de la cual se devalúa el papel de los acontecimientos cambiantes y el devenir histórico, como tratando, en último término, de suprimir a toda costa el tiempo.

En el plano práctico, la visión identitaria favorece siempre una ética y una política de signo reaccionario. Pues se opone a la crítica racional, en la medida en que postula o exige a la gente una profesión de fe en un «ser colectivo» hipostasiado e incuestionable. Dicho hiperbólicamente, la identidad impone la obligación de vestirse el burka. Toda identidad sociocultural esencializada, sea étnica, nacional, o sexual, recluye a sus seguidores en una cárcel ontológica. Porque los postulados de la adhesión identitaria reclaman la anulación de la propia libertad personal, así como la exclusión —y hasta la aniquilación— de quienes no la compartan.

Los «marcadores de identidad» consagrados se instrumentalizan como divisa imborrable del colectivo, como la marca de fuego en las reses. Y no faltan nunca los que asumen la función de ganaderos: se erigen en representantes de la entidad ideal sacralizada, arrogándose el derecho de cargar las espaldas de la gente con el peso de un legado que se vuelve forzoso. Se convierten en vigilantes de la obligada pertenencia y reprimen duramente la normal heterogeneidad presente en toda sociedad. Este tipo de prácticas conminatorias se enmascaran bajo el lema propagandístico del «respeto a la diversidad» (colectiva, respecto a los de fuera), que en realidad sirve de excusa y coartada para perseguir la diversidad interna y extender una homogeneidad ortodoxa.

Frente a esta deriva de la confesionalidad identitaria, que pone de manifiesto hasta qué punto se oponen entre sí la identidad y la libertad, hay que subrayar que lo más importante debe ser el respeto a la libertad, a las decisiones libres de cada uno para configurar su modo de pensar, vivir y expresarse. Porque lo que denominan identidad cultural, manipulada políticamente, opera como un sistema de constricciones cuasi religiosas, destinadas a reprimir, y hasta suprimir, las libertades y derechos individuales. Lo peor de la mentalidad identitaria es que aspira a suplantar el razonamiento libre de los individuos, sustituyéndolo por una dogmática que mandan interiorizar como verdad, como ideal sagrado, ante el que todo disidente está de antemano condenado.

Desde el punto de vista teórico y epistemológico, no es de extrañar que el paradigma identitario derive de la peor filosofía de los siglos XIX y XX; una veta que atraviesa desde el romanticismo hasta la posmodernidad. Se sustenta en el discurso de tipo particularista y diferencialista, que exalta por principio cualquier rasgo empírico diferenciador, elevándolo arbitrariamente al rango de clave del propio ser y de la propia singularidad, hasta el punto de producir un ocultamiento de lo que hay en común y de la identidad humana compartida. El mecanismo de fondo se repite una y otra vez, como un esquema mental sectario, subyacente en múltiples variantes, entre las que debemos incluir planteamientos que han recibido nombres como multiculturalismo, nacionalismo, indigenisno, integrismo.

El multiculturalismo —o comunitarismo— defiende una compartimentación de las culturas extremadamente etnocéntrica, que lleva consigo la negación militante del humanismo y el rechazo de la posibilidad misma de constituir una comunidad humana a escala de toda la humanidad.

El nacionalismo, en las sociedades pluralistas modernas, se apoya en principios incompatibles con la democracia, en la medida en que se funda en el privilegio otorgado a unos rasgos poblacionales, lingüísticos, religiosos, etc., que implican la destrucción de la igualdad entre los ciudadanos.

El indigenismo, que surge claramente impregnado con todos los prejuicios del antiguo racismo, lleva a cabo una burda inversión de valores en lo que respecta a la jerarquía de superioridad e inferioridad entre lo ancestral y lo moderno, con la pretensión ilusoria de poner la historia marcha atrás.

El integrismo, cuya característica central es la fusión entre política y religión, se basa en la sacralización del poder, en sentido teocrático o totalitario, generalmente reactualizando una interpretación fundamentalista de la tradición, desde la que promueve la guerra santa contra la modernidad laica.

Esta clase de tendencias patológicas son las que fomentan el auge del enfoque identitario en la antropología social y en la teoría antropológica. Y viceversa, el pensamiento de la identidad viene en auxilio ideológico de esas tendencias. De modo que el identitarismo ha convertido los textos antropológicos en narraciones inconexas y descripciones particularistas, en detrimento de los análisis sistémicos y evolutivos de alcance científico y altura intelectual. Por esa vía, se desemboca en una panorámica de las culturas en la que éstas parecen constituir un inventario de cofradías o agrupaciones totémicas, acerca de las cuales se coleccionan historietas edificantes y banderitas. Lamentablemente, la jerga de la identidad ha acabado con la antropología como teoría general de la humanidad, y ya sólo quedan «etnologías» y «etnografías» dispersas, en un sentido peyorativo.

Ante este panorama, me parece más necesario que nunca recordar, siquiera esquemáticamente, algunos de los sólidos fundamentos que deben sustentar la teorización antropológica, conforme a un paradigma complejo, que permita ir superando la ideología del particularismo identitario.

Tengamos en cuenta, en todo momento, la distinción e interrelación entre tres niveles:
1) La especie humana se entiende por referencia a la evolución biológica.
2) Las sociedades humanas se forman en procesos históricos; tienen historia (no esencia).
3) Los individuos desarrollamos una biografía.

En lo que respecta a la estructura fundante y generativa:
1) El genoma humano es común a todas las poblaciones de la especie.
2) La cultura humana constituye un patrón universal, presente en todas las sociedades.
3) La mente humana es básicamente la misma en todos los individuos.

Desde el punto de vista de la transformación y la emergencia que explica la diversidad:
1) El genoma produce todas las variaciones poblacionales e individuales, que le pertenecen.
2) La cultura humana genera todos los códigos, mensajes y objetivaciones socioculturales.
3) Los individuos humanos desarrollan sus proyectos en interacción.

Se da una autonomía relativa de cada nivel emergente: La cultura no se encuentra preinscrita en el genoma (aunque éste la hace posible). La libertad individual no surge automáticamente de la cultura establecida (aunque ésta proporcione los medios que posibilitan su ejercicio).

La identidad en sentido estricto no sólo es falsa sino imposible: En la vida social, cuando alguien invoca la «ley natural» como norma de comportamiento, se engaña o miente, porque no hay determinismo biológico. Cuando alguien invoca la «identidad cultural», como apologista de una configuración social idealizada que debe mantenerse o recuperarse, oculta la dinámica propia de la realidad social. Todo lo que somos existe en el acontecer del tiempo y, por tanto, no puede clausurarse como definitivo. El tiempo es real y creativo. Y toda innovación creativa rompe necesariamente con el principio de identidad.

En efecto, pensemos que, si se hubiera preservado la identidad biológica de los primeros homínidos, aún seríamos australopitecos. Si se hubiera preservado la identidad cultural originaria, aún estaríamos en las cavernas del Paleolítico. Si uno preservara su primera identidad personal, nunca pasaría de la edad infantil.

Por consiguiente, debemos andar muy precavidos frente a los riesgos que conlleva esa fantasía que se designa como «identidad», esa idea tras la cual lo que con frecuencia se esconde no es otra cosa que costumbrismo, pintoresquismo, folclorismo, tradicionalismo, esencialismo que escamotea la realidad del tiempo histórico, de la estructura social cambiante, de la libertad individual.

En esta era de globalización, la meta adecuada de investigación para la antropología no puede ser otra que el sistema mundial. En cambio, la dispersión etnológica de los estudios de identidades se ha convertido en un obstáculo enorme para entender mínimamente lo que está pasando en nuestro mundo. Ese método resulta tan inadecuado como mirar al horizonte con un microscopio: sólo se verán los microbios que haya pegados a la lente, mientras el verdadero objeto permanece absolutamente borroso.

Comunicado del colectivo Amor y Rabia ante el conflicto actual

Published on: martes, 3 de octubre de 2017 // , ,

1) Denunciamos sin matices la brutal intervención policial ordenada por el Gobierno central —con el apoyo de PSOE y Ciudadanos— y que sólo sirve a los intereses electoralistas del PP y de JxSí.
2) Rechazamos por completo apoyar un «Procés» puesto en marcha y dirigido por una casta política tan corrupta y represora como la gobernante desde Madrid y los partidos que les apoyan.
3) Recordamos como parte del Movimiento Libertario que el objetivo del anarquismo es un mundo sin clases ni fronteras, basado en la democracia directa y la igualdad.
Lo que está pasando en Cataluña es justo lo contrario: interclasismo y apoyo a un Govern neoliberal que está instrumentalizando el descontento social para sus intereses en nombre de un falso bien común, así como a la creación de un nuevo Estado en manos de los que en su día apoyaron el llamado Régimen del 78. El fin de la globalización neoliberal está dando paso a un proteccionismo de cariz identitario.
Desde AMOR Y RABIA vemos como algo fundamental combatir el capitalismo y concentrar nuestras fuerzas en combatir la sociedad de clases, centrando nuestras actividades en la cuestión social en lugar de la «cuestión nacional», que nos convierte en peones de las luchas internas de las diferentes oligarquías. 

«Cambiar de amos no es lo mismo que emanciparse de ellos»
JOAN PEIRÓ

"Camino a ninguna parte", por Rabioso

Published on: domingo, 1 de octubre de 2017 // , , ,
El 'Procés', impulsado desde el Govern desde el 15-M, ha generado una escalada nacionalista/identitaria en Cataluña que ha llegado a su apogeo con la convocatoria del "referéndum" del 1-O. El contenido social del 'referendum' brilla por su ausencia, ya que el objetivo es la creación de un nuevo estado, y mientras se presenta como una lucha por la democracia, para llevarlo a cabo se han puesto en marcha mecanismos de un autoritarismo extremo que son ignorados por quienes lo apoyan desde la izquierda: se empezó negandose el debate abierto acusándose de facha y españolista a quién no esté de acuerdo con la "independencia", luego se ha pasado a convertir en cotidiano el atacar locales de partidos políticos de la oposición, se ha generalizado el acoso y las amenazas a la disidencia frente al pensamiento único independentista, y finalmente se ha llegado al punto de que los ultranacionalistas de Omnium llamen por teléfono de manera individual a la ciudadanía para exigir que participen en el 'referendum', y llamar facha a quién se niege.
Pese a los cantos de sirena de quienes aseguran que hay que apoyar el 'Procés' y la celebración de un referéndum como vía para acabar con el R78, la realidad es tozuda. Mientras el contenido nacionalista es evidente, cuando se pregunta por la configuración social de la "república catalana", los responsables de los mayores recortes sociales de todo el país dan una respuesta que es muy española: "mañana". Mañana, tras la independencia, los pensionistas cobrarán más, mañana tendremos una  sanidad pública mejor, mañana eliminaremos los privilegios del clero y los colegios concertados, mañana se pararán los recortes neoliberales, o incluso se atreven a decir que Cataluña será mañana siete veces más rica que ahora. Eso sí, todo mañana pero sin concretar nada. A la hora de la verdad, lo único para lo que está valiendo el Procés es como movilización permanente que haga posible que la "cuestión nacional" ocupe todo el espacio de discusión y sea siempre más importante que la cuestión social en la región más afectada por los recortes de toda España. 
Esta supuesta "revolución" está dirigida desde el poder, ya que sin el apoyo del 'Govern' habría sido rápidamente combatida por el pdoer como ocurre siempre con una verdadera protesta. Basta recordar la salvaje represión del movimiento de los indignados del 15-M, cuando los Mossos no tuvieron el menor inconveniente en aplastar junto a la policía nacional un movimiento de protesta genuinamente democrático. ¿Qué ha cambiado desde entonces? ¿Qué objetivo tiene la casta política catalana en favorecer este movimiento de masas, que por su comportamiento amenazante ante cualquier disidencia y el apoyo de la oligarquía es un ejemplo perfecto de un Maidán? ¿Que esperan conseguir la oligarquía catalana y la mafia del 3%? 

1) EL DERECHO A LA AUTODETERMINACION, MITO Y REALIDAD

El principal logro del "Procés" ha sido convertir el "derecho de autodeterminación" en parte de las reivindicaciones de la izquierda, hasta el punto de que la propia CNT (desde el Comité regional de Catalunya-Baleares hasta el Comité Confederal) han emitido sendos comunicados en este sentido. Tan lamentable es este abandono inesperado del federalismo como la aceptación de un concepto básico del nacionalismo sin reflexionar sobre sus consecuencias. Para empezar, el "derecho de autodeterminación" no consiste en este caso a liberar a una población de una explotación colonial por una potencia extranjera, que es lo único que permiría conciliar ver de manera unificada a la población de un territorio con la perspectiva anarcosindicalista de la lucha de clases. Al contrario, Cataluña es la región más rica de España, y el resto del país es su mayor mercado; basta mirar la estructura económica española y los consejos de administración de las empresas para comprobar que la oligarquía catalana (y la vasca) son parte integrante e importante de la oligarquía española.
Al carecer del componente colonial, hablar de una "autodeterminación" catalana se convierte en una mera reivindicación nacionalista, y por tanto, interclasista: el explotado y el explotador pasan de repente a tener intereses comunes. La base argumental del derecho a la autodeterminación (que se camufla como derecho a decidir) es una abstracción llamada "nación", cuyos imaginarios intereses se ponen por delante de los individuales. El individuo o la organización basada en la libre voluntad siguiendo el modelo federal es rechazada de plano: como ha reconocido el independentista catalán Joan Tardà (ERC), jamás permitirán que Tarragona deje de formar parte de Cataluña. Al mismo tiempo que se coarta de este modo la capacidad de decisión popular, se usa como argumento la defensa de Cataluña para justificar una alianza entre la casta política neoliberal que gobierna Cataluña desde hace cuatro décadas y las víctimas de sus corruptelas. Ni desde la CNT ni desde el resto de la izquierda se ha dado un argumento válido o minimamente aceptable que justifique por qué hay que apoyar semejante alianza contra natura con las élites nacionalistas que ayudaron a implantar el R78 y han puesto en marcha una brutal reestructuración neoliberal.

2) ¿ES UN REFERENDUM UNA SOLUCION?  

Mientras que la idea de apoyar a la casta catalana provoca nauseas y rechazo entre la izquierda. la idea de llevar a cabo un referendum sobre la independencia de Cataluña está muy extendida. Por desgracia no ha habido una reflexión profunda de las posibles consecuencias. Aparentemente y desde un punto de vista teórico parece aceptable y muy democrático el llevar a cabo un referéndum cuyo objetivo sea definir la separación de Cataluña y España. Pero esta reivindicación, de carácter claramente nacionalista, no solucionaría nada; al contrario, como evidencian las consecuencias políticas de un referendum pactado: 
- en el caso de un fracaso, todo seguiría igual, porque los nacionalistas no pararían de pedir la celebración de un nuevo referendum hasta que lograsen obtener el resultado que desean, como ocurre en Escocia o Quebeq. El nacionalismo seguiría con su discurso de movilización intacto, y la cuestión nacional seguiría impidiendo que la cuestión social sea el centro de discusión de la sociedad.  
- en el caso de un triunfo, porque de manera automática daría lugar a dos nuevas reivindicaciones de corte nacionalista de dificil solución. En los países bálticos, que los nacionalistas catalanes siempre presentan como ejemplo de una separación, la minoría rusa ha perdido incluso el derecho al voto tras la independencia, y el sentimiento antiruso se sigue utilizando para lograr la adhesión de la población a los intereses de la oligarquía. En Cataluña surgiría una minoría etnica, la población que se considera española, que desde el minuto cero de ese nuevo estado pasaría a ser considerada como minoría oprimida por la negativa del nuevo estado catalán a aceptar la puesta en marcha de una educación bilingüe (los nacionalistas catalanes dicen que el bilingüismo es un producto franquista, nada menos). Y fuera de Cataluña se impulsaría el pancatalanismo -los 'Països Catalans'- en los territorios del nuevo -y reducido- estado español, tanto por motivos ideológicos como para tener un instrumento de presión hacia el estado español durante las negociaciones para la separación. 
Pero además hay que tener en cuenta que para llevar a cabo un referendum que tenga validez -es decir, que pueda reconocerse como democrático) debería tener lugar en un clima de debate que, hoy por hoy, no se da en Cataluña. Y no se dá poque no conviene a los independentistas, que saben que la mayoría de la población simpatiza con las ideas nacionalistas pero no con todas, y está en contra de la independencia. Como se ha podido ver en el camino al "referéndum" del 1-O, para el independentismo lo importante es obtener el resultado deseado y no les importa quitarse la máscara de demócratas para conseguirlo. El acoso hacia quienes no comulgan con el pensamiento único independentista y el “procés” es brutal, y no sólo lo está notando el PSC. A comienzos de 2016, cuando la CUP tenía que decidir si apoyaba o no a la ex-CiU para que siguiera en el poder o, en caso contrario, se convocasen elecciones, el mobbing anti-CUP fue gigantesco (#pressingcup). Y eso que era uno de los suyos, un partido con un perfil claramente independentista.
A este comportamiento abiertamente autoritario y militante contra la disidencia se une que ningún órgano de poder e influencia de Cataluña están en contra del “Procés”. Tras 40 años de hegemonía nacionalista al mando del gobierno catalán, el paisaje mediático es monocolor, con acoso a los medios se salen de la foto, como les pasó recientemente a El Periódico, al demostrar que los Mossos habían recibido un aviso de posible atentado en las Ramblas (cosa que se reconoció cierta más tarde), y poco después al diario abiertamente independentista ARA, por no querer arriesgarse a ser multado.  Esta situación, unida al interés del PP y de JxSÍ (la ex-CiU y ERC) de centrar el debate político en las banderas para continuar impunemente con sus recortes ha generado un ambiente completamente emocional e irracional, dónde quién no coincide con lo que dicen los independentistas es acusado de “españolista” o directamente “facha”. En estas condiciones típicas de un Maidán es imposible llevar a cabo un referéndum como el de Escocia o Quebeq, donde dominaba el respeto a la pluralidad de opiniones y el respeto mutuo.

3) EL PROCES COMO INSTRUMENTO CONTRA EL 15-M Y LA LUCHA DE CLASES 

Más allá de los problemas asociados con un hipotético referéndum, de dificil solución, se une el hecho de que quienes están detrás del desafío independentista no pretenden llevar a cabo un referéndum, sino algo muy diferente. Aunque se repita sin cesar que el “procés” se inició tras bloquear el PP en el Tribunal Constitucional un par de artículos de un nuevo estatuto de autonomía para Cataluña pactado por el PSOE de Zapatero y CiU, curiosamente las cifras de asistencia a la Diada posterior fue la habitual, a años luz de las cifras de asistencia de los últimos años. El “Procés” empezó en realidad como reacción al 15-M, que amenazó el “oasis catalán” que había creado Pujol, y que no era otra cosa que un desierto social sometido al control político de un nacionalismo que lleva en el poder más tiempo que Franco. La movilización en Cataluña en torno al 15-M y el famoso bloqueo del Parlament que obligó a la casta política a utilizar helicópteros para poder entrar en el edificio dio lugar a una reacción de temor en las élites nacionalistas. Si no reaccionaban, la “cuestión nacional” con la que siempre habían cubierto sus vergüenzas, del caso Banca Catalana al 3%, podría ser sustituida por la cuestión social. La profundización del neoliberalismo tras la crisis financiera (recortes, despidos, generalización de la precariedad laboral y dinero gratis a los culpables del desastre) eran una bomba de relojería.
La única solución era una huida hacia adelante, profundizando en la nacionalización de la política catalana para acallar las voces que amenazaban el monopolio de CiU. Para lograrlo, se reprimió brutalmente el 15-M y a continuación se creó la ANC, se apoyó financieramente a la CUP (una versión catalanista del Lerrouxismo) y se organizó la asistencia masiva a la Diada, para reconducir las movilizaciones de protesta de objetivos sociales hacia una nueva dirección identitaria. Para lograrlo se pusieron en marcha campañas como la de “España nos roba”: lo importante era quitar del punto de mira a la mafia del 3%. Como un ciclista que no puede quedarse parado para no caerse, la casta política nacionalista del 3% necesitaba crear un clima de movilización permanente para mantenerse en la poltrona y controlar Cataluña; siguiendo esta lógica, la decisión de saltarse a la torera el Estatut, ignorar al Tribunal Constitucional y cargarse las reglas del Parlament para imponer el voto inmediato de una “Ley de Transitoriedad” que les daba la inmunidad tendrían como objetivo evitar llegar a unas elecciones regionales en una situación de normalidad; después de todo, las encuestas repiten sistemáticamente desde hace mucho tiempo que en caso de llevarse a cabo elecciones las perderían.

Desde esta perspectiva, el procés busca salvaguardar los intereses de una casta política que ayudó a crear el R78 y lleva décadas en el poder en Cataluña, y sus actividades aparentemente suicidas buscan favorecer un clima de movilización permanente en su defensa. Esto, al mismo tiempo, hace imposible el clima sereno necesario para llevar a cabo un referéndum con garantías, porque va contra los intereses de quienes, hoy por hoy, controlan todos los resortes del poder en Cataluña. Pero lo cierto es que este análisis se queda en la superficie, en la cortina de humo política de JxSÍ, y no profundiza en lo que en realidad está en juego en Cataluña: la reestructuración de la estructura de poder en España.

4) CONTRA ESPAÑA ESTAMOS MEJOR

Lo que invalida el argumento central de que la lucha por la independencia es el eje de lo que está pasando en Cataluña es el silencio complaciente de la oligarquía catalana, cuyos intereses quedarían enormemente afectados en el caso de convertirse en permanente el Maidán nacionalista actual. Aún más dañina para sus intereses sería una “independencia”, ya que implicaría la pérdida inmediata del acceso a los mercados de España y de la UE, algo que tanto Madrid como Bruselas pondrían en marcha de inmediato: los unos, para tener una posición de fuerza en las negociaciones de la separación (más bien divorcio a las malas, con todo lo que implica), y los otros, para evitar que el ejemplo se extienda.
Para entender el coste económico que tendría la “independencia” basta mirar al desastroso ejemplo ucraniano de 2014, que muestra lo que pasa cuando un motor económico se separa de golpe de su mercado tradicional (Rusia) y lo fía todo a los cantos de sirena de poder entrar en la UE sin problema, sin tener en cuanta las necesarias negociaciones. En menos de 3 años, el PIB ucraniano ha caído entre el 20% y el 30% y los salarios son los más bajos de Europa; las férreas cuotas impuestas por la UE, que sólo deja entrar en su mercado una ínfima parte de los productos ucranianos a cambio de un acceso sin restricciones para las empresas europeas, han llevado a la quiebra a numerosas empresas locales, incapaces de competir con ellas. Y se haparalizado casi por completo la producción del complejo militar-industrial ucraniano heredado de la URSS al prohibirse exportar a Rusia, su primer cliente, y negarse Europa a permitir que las empresas ucranianas compitan en igualdad de condiciones con las de la UE.
La consecuencia de todo esto es una desindustrialización que está teniendo lugar a marchas forzosas. La empresa ucraniana Antonov, perla de la aviación soviética y que tiene entre sus productos el mayor avión de transporte del mundo, tan sólo fue capaz de vender un avión en 2016. Al mismo tiempo, que ve desaparecer su antaño avanzada industria, Ucrania se ha convertido en una colonia de materias primas de la UE cuyos principales productos de exportación son agrícolas (y por tanto de menor valor añadido) y cuya economía está en manos de un puñado de oligarcas que ademas disfrutan de inmunidad al estar en el parlamento. Esta situación tiene además visos de ser irreversible, ya que el estado ruso ha puesto en marcha medidas para acabar con la dependencia de productos ucranianos (especialmente en el sector de alta tecnología militar), financiando la creación de empresas que sustituyan los productos ucranianos. incluso en el hipotético caso de que Ucrania decidiese intentar restablecer las relaciones económicas con Rusia, se encontrariá con que su lugar ha sido ocupado por empresas rusas y tendría que partir de cero para abrirse un hueco en ese mercado.
Siguiendo este ejemplo, un “Catalexit” sería und desastre que destruiría la avanzada economía de la región al perder sus mercados (o al menos sus ventjas copetitivas actuales), y convertiría un parque temático (Barcelona) y otro turístico (la Costa Brava) en los motores de la economía del nuevo estado. En otras palabras, en una ironía de la historia la estructura económica catalana se convertiría en una versión reducida de Andalucía, tan despreciada por los independentistas. Y quien crea que esa situación podría revertirse olvida que nada más perder las empresas catalanas el acceso al mercado español y de la UE tras una “independencia” (o perder su competitividad por tener que pagar unas tasas prohibitivas, que tiene el mismo resultado), el hueco que dejaría sería rápidamente ocupado por la competencia del resto de España, que de inmediato se abalanzaría para ocupar el hueco dejado por las empresas catalanas, y que sin duda contaría con el apoyo del estado español, siguiendo el modelo ruso. Algo que además sería normal, ya que tras la separación la defensa de los intereses de España chocaría con los intereses de Cataluña.

5) EL PROCES EN EL CONTEXTO GLOBAL

Por tanto, si los intereses de la casta política catalana consisten en favorecer la agitación en favor de la “independencia” para mantenerse en la poltrona, y los de la oligarquía catalana son contrarios a la “independencia”, ¿qué se pretende sonseguir? La respuesta la ha dado el pasado 25 de septiembre nada menos que Joaquin Gay de Montellà, el presidente de la patronal catalana, que en una entrevista a pedido realizar un referéndum pactado en la reforma del Estatut en 2019, que incluiría “cuatro grandes concesiones del Estado: reconocimiento de identidad, pacto fiscal, más inversiones del Estado y vía libre a que Cataluña tenga representación propia en organismos internacionales y competiciones deportivas”. En resumen, un pacto fiscal que permita a Cataluña disfrutar de los privilegios de un régimen similar al vasco y navarro, que no es otra cosa que favorecer a las regiones más ricas a costa de las más pobres, impidiendo la redistribución de la riqueza para imponer un modelo neoliberal que blinda los intereses de unas regiones frente a otras. Estas ideas no son nuevas: como recordaba recientemente Julio Anguita, no es más que continuar el camino iniciado por Pujol para convertir a España en “Una confederación entre cuatro entes territoriales y políticos: Cataluña, Euskadi, Galicia y España (o sea el resto)… o, en caso contrario  la conversión de Cataluña en un Estado Libre Asociado directamente con el Estado Español”.
En resumidas cuentas, el objetivo de la oligarquía catalana consiste en recuperar el Pacto Fiscal pactado con Zapatero en 2011 (el año del 15-M, no lo olvidemos), que fue rechazado por el resto de la oligarquía española. Para romper este rechazo, protegido por la Constitución, es necesario forzar una reforma de la estructura del estado que alcance a la Carta Magna. Y es aquí donde coje sentido lo que está haciendo la aparentemente enloquecida clase política catalana: crear una situación límite, negándose a negociar, para lograr que el resto de la oligarquía ceda y acepte negociar. Creer que la situación catalana actual puede apagarse por sí sola es una entelequia, porque la oligarquía catalana se juega mucho en esta partida. Su ofensiva política mediante manifestaciones identitarias es una respuesta a la época en la que vivimos y, sobre todo, a la época a la que nos dirigimos. EEUU, la actual potencia hegemónica, ha dejado claro que la globalización neoliberal ya no defiende sus intereses, y la está sustituyendo por un proteccionismo identitario.
Poca gente entiende las enormes consecuencias que va a tener la nueva ruta de EEUU para el mundo. Siguiendo el modelo de todos los imperios anteriores en su etapa de decadencia, la estructura financiera global en la que EEUU basa su poder es cada vez más inestable y se tambalea peligrosamente; Washington ya no es capaz de sufragar los enormes costes de su aparato militar global sin llevar a cabo profundos recortes de gastos que están llevando a la ruina su infraestructura y estructura económica (su antiguo corazón industrial es llamado hoy día “cinturón del óxido”); y a los desastres de Siria, Irak y Afganistán, que se han convertido en agujeros negros que se han tragado ya billones de dolares, se suma el fracaso de Obama en imponer a sus aliados la creación de un mercado a escala global (mediante el TTIP y el TTP) para cercar y debilitar a sus principales competidores, Rusia y China. Aún peor han sido las consecuencias de intentar imponer sus intereses a sus aliados sin ofrecer nada a cambio; en Asia ha dado lugar al estrechamiento de lazos entre China y el ASEAN, los antiguos aliados de EEUU en el sudest asiático, mientras que la UE y EEUU se han sumergido en una guerra comercial, encubierta bajo Obama y pública con Trump. Las declaraciones deAngela Merkel, jefa de gobierno de Alemania, tras reunirse con Trump, hablan por sí mismas: “Los europeos tenemos que pelear por nuestro propio destino… (los tiempos en los que se podía confiar en otros) han quedado atrás, eso es algo que he experimentado en los últimos días”.
Las fatales consecuencias económicas del proteccionismo, creando bloques económicos cerrados, se vio en periodo de entreguerras; caída de las ventas, guerras comerciales que desembocaron en conflictos militares, siembra por doquier de la ideología etnicista e identitaria para evitar que la población se rebele contra el precio a pagar por defender los interese de la oligarquía, y anticomunismo generalizado. La oligarquía catalana, posiblemente la más cosmopolita de toda España debido a su proyección internacional, es consciente de que ese procso está en marcha, como demuestra el crecimiento de las ideas nacionalistas e identitarias en occidente (Trump en EEUU, Brexit en UK, AfD en Alemania, Liga Norte en Italia, Frente Nacional en Francia, Amanecer Dorado en Grecia…); y también sabe tras una década de crecimiento artificial se aproxima una profunda recesión que podría degenerar incluso en una crisis en la que los bancos centrales van a ser incapaces de reaccionar ya que han gastado la pólvora que tenían sosteniendo la bolsa y la banca.
Hoy día Cataluña no está bien posicionada para hacer frente a lo que se avecina. Su situación económica es desastrosa, ya que depende de las ayudas del estado hasta para pagar los “bonos patrióticos” de la Generalitat, y sus emisiones de deuda son calificadas de “bonos basura” en los mercados financieron internacionales. Para hacer frente a esta situación, la oligarquía catalana necesita (como la del resto de España) acumular fuerzas cuanto antes para poder aguantar las consecuencias de la próxima crisis. Si deja pasar el tiempo sin hacer nada, su situación económica empeorará y con ello su capacidad negociadora frente al resto de la oligarquía. Por ello, es ahora o nunca.
Aunque a estas alturas del partido es teóricamente difícil saber cómo se van a desarrollar los acontecimientos, la reacción del gobierno a las peticiones del presidente de la patronal el pasado día 28, pocos días después de que el presidente de la patronal catalana pusiera sobre la mesa sus peticiones, indica que la burguesía catalana podría haber ganado la partida; según Luis de Guindos, Ministro de Economía, el gobierno está dispuesto a cambiar la Constitución para ofrecer en Cataluña un concierto económico: “no hay nada escrito sobre piedra”. Dicho en otras palabras, nos dirigimos a un acuerdo entre la mafia del PPSOE y la del 3% para llevar a cabo una reforma de la Constitución y de la estructura del poder.

6) TODO VA A CAMBIAR, PARA QUE TODO SIGA IGUAL

Llegados a este punto, es necesario preguntarse que pinta Podemos participando en esta lucha de poder en el seno de la oligarquía apoyando a un sector, el catalán, que sólo busca reformar la constitución para defender su intereses y utiliza para ello un nacionalismo que ni siquiera se esfuerza, como el vasco, en aparentar ser "de izquierdas". Mientras el resto de partidos se han opuesto a aceptar el chantaje de la oligarquía catalana mediante el Procés y defienden el status quo del R78 que ayudaron a crear, Podemos, surgido como producto del 15-M, se presentó como una organización que tiene como objetivo acabar con un sistema político oxidado y corrompido tras cuatro décadas. Pero por desgracia, como siempre ocurre en la política, los propios intereses y el maquiavelismo se han acabado imponiendo en la estrategia del partido. Tras una etapa, digamos infantil, en la que Podemos era el altavoz de todo tipo de voces de protesta (muchas veces contradictorias), la estabilización del núcleo del poder en el seno del partido y la evidencia de un techo de cristal electoral que se ha reducido tras la inesperada victoria de Sánchez al frente del PSOE amenazan con convertir a Podemos en una versión moderna de IU: presente en todo el país, pero carente de la masa crítica suficiente para cambiar nada.
Para evitar caer en la insignificancia y perder votos debido a la ofensiva identitaria en Cataluña, Pablo Iglesias y Ada Colau han pasado a apoyar abiertamente (pero de manera aparentemente crítica en las formas) el Procés identitario catalán, con la esperanza de poder formar parte en las negociaciones en la reestructuración del estado. Los indicios de esta estrategia se acumulan: a ello se deben la falta de críticas al autoritarismo de la casta nacionalista catalana, el apoyo decidido de Colau a la celebración del “referendum” el 1-O a pesar de provocar tensiones en su partido y la reunión secreta de Iglesias y el portavoz de Comun Podem con Oriol Junqueras, líder de ERC, y Oriol Soler, cerebro de la estrategia del Procés, en casa de Jaume Roures, jefe del gigante mediático catalán Mediapro, dueño del diario digital Público favorable a Podemos, y que ha puesto en marcha un centro de prensa internacional al servicio del Procés. Después de todo, tras el harakiri de la ex-CiU, ERC será el partido dominante en Cataluña según todas las encuestas, por lo que será el encargado de llevar a cabo las negociaciones con Madrid en caso de reestructuración del estado.
Podemos pagará caro esta estrategia cortoplacista de luchar por estar en la foto sin tener en cuenta las consecuencias, ya que como mucho tendrá un papel marginal en las futuras conversaciones para la reforma del estado, y ninguno de los principales participantes (PP, PSOE, ERC, PNV) tendrán el menor interés de impulsar una linea contraria al neoliberalismo. El único hueso que va a caer de la mesa de negociaciones será la renta básica universal (RBU), que no tardará en ponerse de manifiesto como un parche que sólo vale para cubrir parcialmente las necesidades básicas de la población, mientras se profundiza la privatización y desmantelamiento del estado del bienestar. A cambio de no lograr nada jugando a aprendiz de brujo, Iglesias pagará caro haber legitimado -por activa o por pasiva- una oleada identitaria que le va a pasar factura en las elecciones, debido a que el movimiento identitario catalán ha logrado despertar un nacionalismo español que parecía extinguido. Basta ver las imágenes de las manifestaciones en apoyo al Procés en el resto de España para ver un caracter claramente minoritario y con participantes favorables a las ideas identitarias portando banderas independentistas variadas, mientras el resto de la población se ha abstenido de participar.
No le falta razón a Puigdemont para justo antes del 1-O que han ganado. El movimiento nacionalista impulsado en Cataluña desde el Govern ha sido el instrumento perfecto para abrir la puerta a la renovación del R78 en torno a un eje identitario sin el menor contenido social; ha logrado transformar las manifestaciones de los indignados del 15-M que rechazaban la corrupción del Govern y la mafia del 3% en performances de adhesión identitarias sin el menor contenido reivindicativo de caracter social; ha logrado desactivar a Podemos, que como heredero del 15-M parecía estar predestinado a se su principal oponente y, lo más importante de todo, ha logrado eliminar del debate político la catastrófica pérdida de poder adquisitivo de la población (sobre todo la catalana) debido a los recortes tras la crisis financiera, facilitando la puesta en marcha de los que se aproximan. En resumen, el discurso identitario ha sido el perfecto instrumento para aplicar el instrumento más antiguo y eficaz del poder: divide y vencerás. Con razón reconocía públicamente el oligarca estadounidense Warret Buffet que "naturalmente hay una guerra de clases, y la mía está ganando". Y esta situación no cambiará mientras la izquierda no arroje a la basura la ideología burguesa de la "cuestión nacional", y convierta la cuestión social en el eje de su discurso.

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